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martes, 3 de abril de 2012

Estamos ante el descalabro de un gigante

OpiniónPOLÍTICA

Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
opinion@prensa.com

Me viene a la mente “El Ajedrecista”, aquel artículo de mi autoría que publicó La Prensa en estas mismas páginas hace tres años cuando Juan Carlos Navarro perdió la candidatura presidencial del PRD frente a Balbina Herrera, minada de golpes bajos, intrigas y sobre todo, la subterránea codicia política de quienes detentaban el poder por aquellos tiempos.

Hoy el panorama luce igual de complicado y tal vez un tanto más sombrío. Contrario a lo que algunos comentan, el PRD sí es un partido con rumbo, pero lamentablemente ahora muy equivocado y hasta groseramente satanizado, por cuanto resulta insensato e inexplicable hacer un frente con propósitos tan sórdidos como los de atacar la candidatura de uno de sus propios miembros, y que esa aviesa aventura llamada Tocona haya logrado por arte de magia, unir a adversarios recientes como a los dos expresidentes de la República de ese mismo partido y a todos los demás precandidatos, con la única y honrosa excepción de Javier Martínez Acha.

Más aún por cuanto en lugar de generar un pacto de caballeros cargado de argumentos con ideología política para el bienestar del partido y el de la patria, el respeto a las reglas de juego para escoger a las nuevas autoridades del partido, trazar las condiciones y garantías que deben rodear la elección en el partido y de su candidato a la presidencia de la República, sea justamente un macabro compromiso de conspiradores para cerrarle el paso a unos de sus miembros, todo esto, deja mucho que pensar sobre la calidad de políticos que pueden llegar a dirigir el país, que por decir lo menos, parece un acto de cobardía política.

Desoír o no asistir a una invitación político-partidaria, como la convocada por Juan Carlos Navarro el pasado domingo, puede resultar irrelevante en la decisión de un parroquiano común, pero no en la dirección y alta clase política del partido.

Menos aún con el subterfugio de que ya tenían agendas que cumplir porque no es más que un cuento nimio y vacío, tan trivial como el de que Navarro presentaría su candidatura a secretario general del partido; ambos pretextos no son más que un trance de pasotismo sin sentido. Esto no presume ser una actitud equilibrada ni de búsqueda de la unidad, no obstante, cuando semanas atrás el propio secretario general, el cantalante de la negativa, aprovechó los actos del trigésimo tercer aniversario del partido para plantear su igual aspiración.

Pero es que ahora argumentan que no es sano para el partido que un candidato –entiéndase Navarro- que aspire a la Secretaría General del partido sea también candidato presidencial porque generaría más fricción, y olvidan alegremente que sus dos expresidentes ocuparon activamente esos dos cargos al mismo tiempo.

Pero lo humillante para la militancia, que ve el drama desde la médula del partido, es que todos –los de la supuesta pero evidente maquinación- están hablando de unidad. Balbina Herrera habló de que el partido es un todo, es una sola fuerza, y llama a dejar de lado las ambiciones egoístas que fueron la causa de la reciente derrota; solo le faltó decir, los fracasos obrados por ella misma en el pasado. Otros prefieren matizar la realidad al negar rotundamente que exista una división por cuanto las bases decidirán.

Cierto que las bases decidirán quién ha de ser el ganador de la dirección del partido, quiénes le acompañarán en la directiva, en los demás cargos y quién será su candidato a la Presidencia de la República, entre tanto y para entonces veremos a un gigante que se descalabra. Las huellas de la confabulación de hoy dejarán cicatrices imborrables mañana, porque el llamado a la unidad del partido no es sincero ni es de “corazón”; no coman cuento, es contra Juan Carlos Navarro.
El autor es Ensayista y ex diplomático

jueves, 15 de marzo de 2012

Es necesario integrar el país no disociarlo

La Prensa, Panamá, jueves, 15 de marzo de 2012.

Opinión
COMARCAS

Es necesario integrar el país no disociarlo: Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
opinion@prensa.com

Sin imaginar en qué terminarán los diálogos entre los indígenas y el Gobierno nacional voy a dar mis reflexiones sobre el tema, no sobre quién, necesariamente, tiene la razón sino el porqué de los problemas que estamos viviendo.

Pienso radicalmente que las comarcas indígenas, como tal, son una especie de entelequia que está minando la unidad nacional y que muchos, por apoyar o atacar a una de las partes, sensata o inconscientemente, han contribuido con algún leño a la hoguera que ya lleva muchos grados celsius de calor y que da para pensar lo peor.

La falla está, precisamente, en que las comarcas no han contribuido a la integración del país, han colocado los valores a la inversa, tampoco han respondido genuinamente a una división política sino al fraccionamiento étnico que, antes que generar convivencia y lograr identidad nacional, de compartir valores e intereses patrióticos, logra todo lo contrario, disociar y corromper cualquier atisbo de concordia.

Esto ha llevado a los indígenas a una valoración sociológica equivocada, en especial la comunidad ngäbe buglé, más que otras, que de hecho lo estamos comprobando durante estos lamentables episodios, al presentarse como seres humanos distintos al resto de los ciudadanos del país. De igual forma, con la idea de que las comarcas son única y exclusivamente propiedad privada de sus comunidades, una muestra evidente de segregación. Y en ese orden de ideas creen erróneamente que los recursos de sus comarcas –y ahora adyacentes– no son del Estado sino de ellos.

La distorsión es tal que, luego de más de 500 años desde cuando Colón los llamó indígenas de forma nada despectiva, ahora pretenden que se les llame y de hecho se autodescriben “originarios”, como si el resto de los que aquí habitamos hubiésemos caído de la Luna o de algún extraño lugar.

Esta percepción descabellada les hace sentir que pueden decidir la suerte e imponer su ley no solo en sus confines comarcales, sino en todo el país, cerrando calles, vías, cobrando impuestos de paso e ingreso a sus territorios, amedrentando con palos y armas blancas, e impidiendo el desarrollo de sus áreas y del resto de la República. Todo al margen del imperio de ley y de las autoridades legítimas.

Han desenfocado la realidad de los conceptos de desarrollo, educación, integración, bienestar social y económico; exhiben una intolerancia infinita desconociendo, al mismo tiempo, que somos una sola identidad humana y de nación.

Así las cosas, el país no se puede dividir en comarcas raciales, culturales, religiosas o ateas; nosotros tenemos una sola identidad en la que convergemos negros, blancos, mulatos, indios, amarillos, etcétera. Y aunque aquí se quiera decir lo contrario, somos una sociedad integracionista, multirracial, plurirreligiosa y multicultural en la que los valores están tensados por la fuerza de la solidaridad humana, y las exclusiones y vicios de ellas son individuales y marginales, sin ninguna importancia en la vida nacional.

Hay que decirlo, en honor a la verdad, los indígenas de este país no son discriminados. Los que han querido estudiar, hoy son profesionales; los que han querido salir a ocuparse están trabajando y los que han querido integrarse al resto de la comunidad nacional lo han hecho sin ninguna clase de repulsa hacia ellos. Para nadie es extraño verlos pasear, producir, trabajar, estudiar y trashumar por todo el país.

Resulta imposible plantearnos un conflicto social sobre la base de que unos pocos consideran qué se debe hacer con los recursos naturales de todos, incluida la Nación. Y no es una disculpa decir que los indígenas tengan razón en el tema de que se sienten desatendidos, porque el resto del país, también, lo pondera así para sí mismo. Históricamente, las carencias van por detrás de las necesidades, porque mientras las soluciones llegan por las escaleras, los problemas nos rebasan por los ascensores.

Está planteado un diálogo, que no deja de ser el mejor mecanismo para la solución de conflictos, pero aun así, no pueden pretender que sus exigencias, partidas de un planteamiento errado y confuso, pueden estar por encima de la razón, de las autoridades y de la ley; sobre todo, con despropósitos de trancar el desarrollo so pretexto de sofismas absurdos, y que sea la ocasión para que el Gobierno nacional se ponga al día con las necesidades de sus ciudadanos sin excepción.

Los encomiendo a la sabiduría del oráculo para la solución, que deseo no sea otra que la buena suerte del país. @mosadegh53

Es necesario integrar el país no disociarlo

La Prensa, jueves, 15 de marzo de 2012.
Opinión

COMARCAS

Es necesario integrar el país no disociarlo
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
opinion@prensa.com

Sin imaginar en qué terminarán los diálogos entre los indígenas y el Gobierno nacional voy a dar mis reflexiones sobre el tema, no sobre quién, necesariamente, tiene la razón sino el porqué de los problemas que estamos viviendo.

Pienso radicalmente que las comarcas indígenas, como tal, son una especie de entelequia que está minando la unidad nacional y que muchos, por apoyar o atacar a una de las partes, sensata o inconscientemente, han contribuido con algún leño a la hoguera que ya lleva muchos grados celsius de calor y que da para pensar lo peor.

La falla está, precisamente, en que las comarcas no han contribuido a la integración del país, han colocado los valores a la inversa, tampoco han respondido genuinamente a una división política sino al fraccionamiento étnico que, antes que generar convivencia y lograr identidad nacional, de compartir valores e intereses patrióticos, logra todo lo contrario, disociar y corromper cualquier atisbo de concordia.

Esto ha llevado a los indígenas a una valoración sociológica equivocada, en especial la comunidad ngäbe buglé, más que otras, que de hecho lo estamos comprobando durante estos lamentables episodios, al presentarse como seres humanos distintos al resto de los ciudadanos del país. De igual forma, con la idea de que las comarcas son única y exclusivamente propiedad privada de sus comunidades, una muestra evidente de segregación. Y en ese orden de ideas creen erróneamente que los recursos de sus comarcas –y ahora adyacentes– no son del Estado sino de ellos.

La distorsión es tal que, luego de más de 500 años desde cuando Colón los llamó indígenas de forma nada despectiva, ahora pretenden que se les llame y de hecho se autodescriben “originarios”, como si el resto de los que aquí habitamos hubiésemos caído de la Luna o de algún extraño lugar.

Esta percepción descabellada les hace sentir que pueden decidir la suerte e imponer su ley no solo en sus confines comarcales, sino en todo el país, cerrando calles, vías, cobrando impuestos de paso e ingreso a sus territorios, amedrentando con palos y armas blancas, e impidiendo el desarrollo de sus áreas y del resto de la República. Todo al margen del imperio de ley y de las autoridades legítimas.

Han desenfocado la realidad de los conceptos de desarrollo, educación, integración, bienestar social y económico; exhiben una intolerancia infinita desconociendo, al mismo tiempo, que somos una sola identidad humana y de nación.

Así las cosas, el país no se puede dividir en comarcas raciales, culturales, religiosas o ateas; nosotros tenemos una sola identidad en la que convergemos negros, blancos, mulatos, indios, amarillos, etcétera. Y aunque aquí se quiera decir lo contrario, somos una sociedad integracionista, multirracial, plurirreligiosa y multicultural en la que los valores están tensados por la fuerza de la solidaridad humana, y las exclusiones y vicios de ellas son individuales y marginales, sin ninguna importancia en la vida nacional.

Hay que decirlo, en honor a la verdad, los indígenas de este país no son discriminados. Los que han querido estudiar, hoy son profesionales; los que han querido salir a ocuparse están trabajando y los que han querido integrarse al resto de la comunidad nacional lo han hecho sin ninguna clase de repulsa hacia ellos. Para nadie es extraño verlos pasear, producir, trabajar, estudiar y trashumar por todo el país.

Resulta imposible plantearnos un conflicto social sobre la base de que unos pocos consideran qué se debe hacer con los recursos naturales de todos, incluida la Nación. Y no es una disculpa decir que los indígenas tengan razón en el tema de que se sienten desatendidos, porque el resto del país, también, lo pondera así para sí mismo. Históricamente, las carencias van por detrás de las necesidades, porque mientras las soluciones llegan por las escaleras, los problemas nos rebasan por los ascensores.

Está planteado un diálogo, que no deja de ser el mejor mecanismo para la solución de conflictos, pero aun así, no pueden pretender que sus exigencias, partidas de un planteamiento errado y confuso, pueden estar por encima de la razón, de las autoridades y de la ley; sobre todo, con despropósitos de trancar el desarrollo so pretexto de sofismas absurdos, y que sea la ocasión para que el Gobierno nacional se ponga al día con las necesidades de sus ciudadanos sin excepción.

Los encomiendo a la sabiduría del oráculo para la solución, que deseo no sea otra que la buena suerte del país. @mosadegh53

miércoles, 22 de abril de 2009

Targidio Bernal Guardia, in memorian

Targidio Bernal Guardia, in memorian
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
Especial para La Estrella de Panamá.


Nació, creció, procreó, y murió inesperadamente hace tan solo unas semanas. A lo largo de su vida este gran hombre, amigo absoluto y político natural, cultivó este arte por encima de cualquier otro. Encontró tierra fértil en la filosofía liberal, profesó esa ideología y pensamiento político para el bienestar social del país.

Targidio desde muy temprana edad se consagró a las tareas que asumía, sus estudios universitarios así lo reflejan. Obtuvo honores con su tesis de grado, Reglas comunes al Procedimiento Civil, fue laureada y le valió su publicación por la Universidad de Panamá.

En el Poder Judicial se destacó por su precoz habilidad de trabajo pero muy joven lo abandona, seducido por la política. Esta pasión lo persiguió toda su vida, conquistó a través de sus luchas los honores que el país supo recompensarle, fue ministro de Estado, embajador alterno ante las Naciones Unidas, diputado de la República y una infinidad de responsabilidades que les fueron encomendadas a lo largo de su aguerrida vida política. Ocupó los cargos más importantes dentro de su colectivo político y llegó a ser presidente del partido Liberal, en épocas difíciles, cuando se luchaba por la democratización del país y la participación de los partidos en la vida nacional.

Targidio, fue un fogoso orador, se ganó junto a César Pereira Burgos, Pacífico Escalona Ríos y otros diputados, el reconocimiento de legisladores de lujo de la Asamblea de 1980 a 1984, luminarias de oratoria encendida y profunda.

La lealtad fue tal vez su virtud mas preciada, puesta a prueba infinidades de veces. Un testimonio claro de ello se produjo en los años más espinosos de nuestra historia política, cuando le ofrece absoluta lealtad como político y miembro de su gabinete, al presidente Robles y le pide que vuelva al Palacio de las Garzas, que regrese de su casa donde se encontraba abandonado y traicionado por sus enemigos políticos que habían resuelto sacarlo del poder a cuenta de lo que fuera. Targidio en una tarde y en un acto legítimo de probidad había convencido al presidente de que era más digno afrontar las responsabilidades, incluso morir en la Presidencia, que claudicar ante los apetitos mezquinos de sus enemigos.

Este patricio liberal tuvo dotes de hombre sencillo, sincero, reflexivo, honesto y amigo incondicional. Lector integral, analista de la vida política, gran conversador, pero de ideas firmes, capaz de llevar el diálogo hasta las últimas consecuencias. En los sitios que concurríamos habitualmente, conversábamos de todo, pero donde caíamos larga e inevitablemente era en su pasión, la política, les puedo asegurar que no la abandonó un solo día.

Targidio tuvo amigos entrañables pero muchas veces fue incomprendido, por ello tuvo además, muchos detractores. Una vez le pregunté que si era feliz, me dijo que no podía responderme porque la felicidad es relativa, “hay momentos dichosos y momentos amargos”, tenía toda la razón. Por ello pido que queden sepultas las críticas de sus opositores que no quisieron ver lo que fue y lo que hizo.

Targidio, hasta siempre amigo. Has partido muy pronto; dice el escritor portugués José Saramago, que así son las intermitencias de la muerte, actúa de forma inesperada.
El autor es diplomático.

lunes, 2 de marzo de 2009

Secuelas de un gra fraude

Secuelas de un gran fraude
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo


Efectivamente nos encontramos inmersos en una crisis económica mundial de enormes proporciones y terribles consecuencias. Estados Unidos, responsable de esta verdadera catástrofe lucha por salir adelante con una diversidad de medidas y ayudas financieras otorgadas a bancos y empresas, que aún así, no lucen ni muy claras ni garantizan la salida del atolladero.

Lo que si está claro es que el desastre obedece principalmente al fraude de las hipotecas y a la estafa de Bernard Madoff, entre otras maniobras criminales no menos dañinas. Pero en esencia, a una intrincada gama de factores que van desde la arrogante avaricia del gran capital, pasando por la maraña de estafas de negocios de pirámides para concluir con las especulaciones financieras de bancos y bolsas de valores, por lo demás actitudes arteras y al margen de cualquier rigor decente de hacer negocios.

Hay que señalar que esta dinámica vergonzante estuvo protegida todo el tiempo por la tolerancia gubernamental del anterior gobierno norteamericano, que se negó sistemáticamente a regular e imponer normas tanto claras como estrictas al sector financiero. También es claro que la avalancha amenaza a las demás economías del mundo, y que resueltas, no han tardado en tomar medidas provisoras para evitar cualquier colapso financiero.

Donde todo parece divino es en nuestro país, las voces autorizadas contraviniendo toda lógica elemental han salido al paso para rectificar lo que ellos llaman rumores. Con energía inusual han defendido con vehemencia al mercado financiero, calificándolo de responsable por partida doble. Afirman que tienen más liquidez de la que la ley les obliga, así también dan a entender que sus inversiones de capitales solo las realizan en Panamá, y que no poseen encajes o reservas bancarias significativas en el exterior ni siquiera para el giro ordinario de sus operaciones internacionales, es decir, estamos a salvo del efecto dominó que sí ha afectado a otros Estados.

Pese a ello, creo que todas estas explicaciones son con el claro propósito de tranquilizar a clientes y cuentahabientes del sistema, así como a los medios de producción e inversión financiera, pues a nadie le conviene una campaña de pánico, en eso estamos de acuerdo.

Pero seamos francos, Panamá es un país con instituciones globalizadas, y la banca panameña, la bolsa de valores y todo el sistema financiero son parte de ellas. Para nadie es un secreto que los bancos han empezado a “recoger velas”, a restringir el crédito y a adoptar medidas más severas que las cotidianas para otorgar nuevos préstamos; dudo que sea pura casualidad. Por otro lado, resulta imposible o al menos es increíble suponer que un daño que involucra tantos millones de dólares y a las principales empresas y bancos de Estados Unidos y del mundo no nos afecte para nada.

Además hay otro elemento sensible que afectará de una u otra manera el sistema financiero, y esto no es un secreto, por cuanto todo el que tenga la posibilidad de accesar a la internet, habrá podido leer las 163 páginas hechas públicas por el Tribunal de Quiebras de New York que contienen la lista de las empresas, bancos y millonarios que fueron estafados por el señor Madoff, entre los que se encuentran capitales panameños de inversión, representados por sociedades, fundaciones e ilustres personajes locales, sin contar los defraudados por el señor Murcia que no conocemos aún gracias al celoso cuidado de las autoridades judiciales panameñas.

Veo muy difícil que el país pueda escapar al efecto de una crisis que se deriva de situaciones como estas, sobre todo por el tipo de relación financiera y comercial, estrecha, reciproca y continua que mantiene con los países, instituciones y personas inicialmente afectadas. Mas bien, si no se toman las medidas adecuadas, me temo que los problemas se agravarán y darán paso a una crisis local de grandes proporciones.

Por lo pronto, es incuestionable que ya tenemos un deterioro en el desempaño de la economía, el índice general de precios al consumidor sigue escandalosamente alto pese a que los combustibles han bajado ostensiblemente, y como si fuera poco, se avizoran sensibles reducciones de personal en el sector privado, los índices de construcción y ventas de casas y apartamentos van en picada, ya ha caído en un 30% aproximadamente en los últimos meses, y las exportaciones de productos, tradicionales o no, también muestran declives, entre otros segmentos de la economía nacional.

Sería imperdonable que las autoridades nacionales que manejan el tema se hagan de la vista gorda y adopten la actitud de la triste imagen de los chimpancés que no oyen, no ven y no hablan.
El autor es diplomático.

sábado, 28 de febrero de 2009

Un nuevo caso del Síndrome de Estocolmo

Un nuevo caso del Síndrome de Estocolmo
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo

Esta conducta es conocida por el dramatismo que muestra y sus connotaciones; consiste en que las victimas de un secuestro durante el cautiverio, tejen lazos afectivos y desarrollan una forma de complicidad con sus plagiarios en una rara inversión de valores que los llevan a defender las posiciones delictivas de sus carceleros.

El síndrome se conoce por primera vez en 1973, cuando una empleada bancaria en la ciudad sueca de Estocolmo, en condición de rehén tras un asalto fue grabada besando a su captor dando muestras de agradecimiento, de allí el nombre. Otro hecho sonado fue el de la multimillonaria Patricia Hearst que se pasó al lado de sus secuestradores, luego los defendió y participó de sus fechorías. Otro ejemplo, el del grupo de rehenes que fue liberado en Colombia en febrero del año pasado, donde vimos a los exparlamentarios Gloria Polanco, Jorge Géchem y Eladio Pérez en una rara despedida, donde intercambiaron incluso, ramos de flores tras su liberación, o el de Clara Rojas, la candidata a vicepresidente, que tuvo un hijo de un guerrillero en cautiverio con su consentimiento y además justificó no solo su conducta sino muchas del grupo guerrillero.

El exgobernador Alan Jara, puesto en libertad hace escasas semanas en Colombia es claro ejemplo del Síndrome de Estocolmo. En rueda de prensa tras su liberación, tuvo palabras muy duras para el presidente Uribe y su Gobierno, lo acusó de no haber hecho nada por la libertad de los secuestrados en manos de las FARC. Afirmó que el grupo guerrillero, que lo mantuvo privado de su libertad por siete años, no está acabado, por el contrario muy fuerte y renovado con mucha juventud en sus filas, es una apología falsa e inadmisible de los bandoleros. A Piedad Córdoba la destacó como la única a la que tenía que agradecer su liberación. Pero la perla de sus declaraciones fue sobre el tema de los encadenamientos permanentes de los secuestrados, cuando dijo sin abochornarse, que estos no son métodos de torturas sino de seguridad. La conducta de conmiseración que presenta para con los guerrilleros resulta injusta y lacerante para el pueblo colombiano y su propia familia que ha sufrido en carne propia el calvario del secuestro.

Ahora el exgobernador Jara ha anunciado que ingresará a Colombianos por la Paz, un grupo de activistas dirigidos por Córdoba, cuya supuesta misión es luchar por la liberación de los secuestrados pero que se sabe desde hace mucho que colabora con la guerrilla para desacreditar al gobierno colombiano como quedó evidenciado en los reveladores archivos del ordenador del guerrillero Raúl Reyes. Dramático final, solo faltó que les diera las gracias por perdonarle la vida.
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El autor es diplomático.

lunes, 16 de febrero de 2009

EL AJEDRECISTA

El ajedrecista
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo


Quién lo creyera, cuando Balbina Herrera anunció intempestivamente la designación de su compañero de fórmula política para la presidencia de la República, ella y su pequeño grupo de asesores debieron pensar que aquella sería una jugada maestra que solo logran los grandes estrategas. Tal es así que no vieron la necesidad de consultar previamente al propio secretario general del PRD y jefe de Estado Martín Torrijos, tampoco a ninguno de los más altos organismos directivos del partido y menos aún a las bases.

Con esto, complacían a Juan Carlos Navarro que estaba molesto porque el círculo privilegiado de Balbina lo había excluido y apartado después de las elecciones internas. De paso, le daban una especie de “contentillo” escogiéndolo como candidato a la vicepresidencia, asunto al que ya éste le había puesto plazo para que lo designaran al cargo de elección. De esa forma se sellaría la unidad del partido, y la fuerza que lograrían les aseguraría una victoria tanto fácil como aplastante.

Sin embargo todo esto demoró demasiado tiempo en llegar, me refiero a tender la mano amiga al precandidato perdedor, lo que evidentemente afectó y finalmente no surtió el efecto esperado, y muy por el contrario las cosas no mejoraron, y Navarro descubrió poco a poco que el ofrecimiento nunca fue sincero ni de “corazón”, sino para sacar provecho aritmético de su fuerza electoral.

Sin embargo, desde las pasadas elecciones internas del PRD, o mejor dicho, desde mucho antes, han sucedido una cantidad de sucesos que han puesto al candidato a vicepresidente Juan Carlos Navarro a ubicarse no solo a la defensiva sino a ingeniarse una estrategia de ataque como la que adoptaría el mejor ajedrecista, decidido a no dejarse hacer el jaque mate.

No se puede ignorar que algo raro hay en el ambiente político perrediano que huele a complot permanente contra Juan Carlos Navarro, para nadie es desconocido que Balbina Herrera se le atravesó en su carrera a la presidencia de la República, que ella desconoció los pactos políticos que juraron en torno al tema y que al calor de esos mismos acuerdos Navarro tuvo que ceder y cambiar sus aspiraciones de dirigir el partido como presidente por una subsecretaria del mismo.

Para colmo de males, el ajedrecista ha descubierto que la conspiración no solo llegó hasta allí sino que se estaba cocinando en secreto acortar la veda de diez a cinco años para la reelección presidencial, orquestado desde Las Garzas y con la diligente ayuda de los diputados mandaderos del oficialismo, con el claro objetivo de cerrarle las posibilidades incluso en el 2014 y entregarle la opción a Torrijos para esa fecha.

Creo seriamente, por lo que veo, leo y oigo, que a estas alturas al ajedrecista lo que menos le interesa es evaluar si Balbina Herrera gana la presidencia. Las razones lucen obvias. No es imposible, pero resulta muy difícil revertir las condiciones actuales de favoritismo que exhibe Martineli, además porque ya no es un secreto las intrigas internas en el PRD, las deserciones, las traiciones descubiertas y el sentimiento de que la campaña va sin rumbo certero, mas bien equivocada, y que la candidata oficialista eligió un discurso malo, esquivo y sin tino, que irremediablemente los ha de llevar a una estruendosa derrota.

Pero estas elecciones serán solo la pérdida de una batalla para el ajedrecista, ahora él tiene los ojos plantados en el 2014 y ha empezado desde ahora a responsabilizar a Torrijos de la corrupción y errores de su gobierno como del descalabro que viene, y de paso dejando sin alternativas ni argumentos a Balbina Herrera. Cada vez que el ajedrecista se asoma a una tribuna, sus ataques son más osados, mordaces, puntuales y mortales que hacen pensar que lo que viene habrá de ser más duro. Y así como cada dolencia tiene su receta y terapia a seguir para mejorar al paciente, en política se trabaja más o menos con esas mismas premisas pero a la inversa, cuando se trata de acabar con el adversario. El ajedrecista ha entrado al campo de batalla denunciando y atacando a sus enemigos visibles, a todos los que él reconoce como conjurados de su causa, para debilitarlos y luego darles el golpe de gracia.

No lo olviden amigos, el ajedrecista irá ahora, luego del 3 de mayo próximo por la cabeza del secretario general del PRD y toda la plana mayor del partido, ya no valen llamados a la conciliación. Entretanto Balbina Herrera, se a convertido en su rehén, pobre víctima de su pretendido invento de jaque al rey.
El autor es diplomático